La mujer en política no es estética, es liderazgo

La mujer en política no es estética, es liderazgo 

La política en Colombia no puede reproducir los mismos estereotipos que limitan a la sociedad. Dignificar la participación femenina implica reconocer a la mujer como sujeto político pleno, con capacidad de decisión, liderazgo y transformación, no como imagen, símbolo o figura estética. Patriotas propone romper con esos estigmas al configurarse como un movimiento, camino al Senado, liderado por mujeres que incorpora cuota masculina, invirtiendo el esquema tradicional de representación y demostrando que la participación no se mide por presencia simbólica, sino por capacidad real de incidir, decidir y transformar. Cuando la representación se basa en autoridad y no en estereotipos, la democracia se fortalece y el ejercicio político se recupera.

En Colombia, las mujeres no solo enfrentan barreras institucionales para acceder al poder, sino también formas persistentes de deslegitimación simbólica. La trivialización y la ridiculización de su ejercicio en la vida pública erosionan su reconocimiento como líderes. Mientras el ascenso político de un hombre suele interpretarse como resultado de mérito y capacidad, el de una mujer con frecuencia es sometido a sospecha, juicio moral o reducción a su apariencia. Estas dinámicas, lejos de ser aisladas, reflejan patrones culturales que influyen en la percepción social del liderazgo femenino.

Frente a este panorama, Patriotas sostiene que la política no debe extrapolar estereotipos sociales, sino contribuir a desmontarlos. El liderazgo no se construye desde la apariencia, sino desde la capacidad, la preparación y la decisión. Reconocer a la mujer como actor central implica comprender su papel estructural en los distintos ámbitos donde se desarrolla la vida en sociedad: desde lo político hasta lo comunitario y doméstico. En todos ellos, su participación no es simbólica, sino determinante.

Los estereotipos de género afectan la evaluación del liderazgo, la credibilidad y la autoridad política de las mujeres. Especialmente en escenarios de toma de decisiones, las mujeres son evaluadas con criterios superficiales, sometidas a mayor escrutinio personal y asociadas con frecuencia a aspectos ajenos a su desempeño. Este fenómeno limita su legitimidad pública y reproduce desigualdades simbólicas, incluso en contextos donde la representación formal ha avanzado.

Desde esta visión, fortalecer el liderazgo femenino es fortalecer la democracia. Una política que dignifica a la mujer como eje de transformación social amplía la legitimidad del poder, equilibra la toma de decisiones y refleja con mayor fidelidad la realidad del país. Para Patriotas, cuando la política deja de reproducir estereotipos y reconoce la capacidad, la democracia se profundiza y la sociedad avanza.


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